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MEDIR LA GLUCOSA EN SANGRE COMO EN EL «PASADO» O DE MANERA “MODERNA”: GLUCEMIA CAPILAR VS SISTEMAS DE MONITORIZACIÓN DE GLUCOSA.

MEDIR LA GLUCOSA EN SANGRE COMO EN EL «PASADO» O DE MANERA “MODERNA”: GLUCEMIA CAPILAR VS SISTEMAS DE MONITORIZACIÓN DE GLUCOSA.

MEDIR LA GLUCOSA EN SANGRE COMO EN EL «PASADO» O DE MANERA “MODERNA”: GLUCEMIA CAPILAR VS SISTEMAS DE MONITORIZACIÓN DE GLUCOSA.

En los últimos meses, sois cada vez más las personas que consultáis por los sistemas de monitorización flash de glucosa (MFG).

En efecto, estoy hablando del “parche redondo blanco de tamaño de moneda” que cada vez más personas llevan insertado en su brazo, y que sirve para medir el nivel de glucosa sin necesidad de estar pinchando los dedos. El sensor “FreeStyle libre 2” está causando furor.

Quienes conviven con una diabetes desde hace más o menos tiempo, saben sobradamente que tener que pincharse el dedo para obtener una gotita de sangre, aunque sea una sola vez al día (no digamos quienes deben pincharse 6 o más veces al día) supone un suplicio chino.

Además, a todo esto se le añade que la medición que obtenemos de esta manera es un número estático que posiblemente ya esté variando, porque como sabéis el nivel de glucosa en sangre es un parámetro entre variable y muy variable y va subiendo o bajando según toque.

Antes, no había más: o te pinchabas o no. Punto.

Ahora sí. Disponemos de estos sistemas, que te permiten saber tus cifras de manera inmediata y continuada, ver la tendencia que sigue nuestra glucemia y además sin necesidad más que la de insertar el sensor cada 2 semanas.

Sin duda, esto es un antes y un después en el control de la diabetes.

Pero, la polémica y la discusión están servidas: ¿por qué algunos pacientes reciben estos dispositivos con financiación de Sistema Nacional de Salud y otros no?

Es conocido por todos que la financiación pública en el ámbito de la salud es finita al igual que lo es en otras áreas. Se puede gastar con mesura y conocimiento y en función de lo que se disponga. Y ante todo, utilizando la cabeza y haciendo cálculos adecuados. Somos muchos.

Esto lo sabemos todos, pero cuando hablamos de diabetes, ¿no estamos hablando de salud?

La diabetes es una patología silente. Nadie, tengamos o no diabetes, sabemos qué nivel de glucosa tenemos en sangre si no lo revisamos de alguna manera. Y es en este punto donde alzan la voz muchas personas, sobre todo las que conviven con una diabetes tipo 2, y que por lo general no disponen de estos sistemas ni se les proporcionan los mismos con financiación del sistema público de salud.

¿Cómo es posible que a una persona con diabetes le digamos que debe controlar sus niveles de glucosa y no le ofrezcamos las herramientas y recursos que le permitan hacerlo sin dificultades?

Esta es la realidad de muchos profesionales sanitarios en la consulta: queremos que todos tengáis sensores de glucosa, pero nos resulta imposible lidiar ante la situación ya conocida por todos.

Las personas con diabetes tipo 2 y que siguen pautas de tratamiento con insulina parece que cada vez presentan menos dificultades para que se les suministren sensores.

También en algunos otros casos particulares de personas con diabetes tipo 2, la impresión es que se está gestionando que puedan disponer de ellos.

Pero, ¿y el resto?

El resto, muchos de ellos, conscientes de lo que aportan los sensores y concienciados de la importancia del autocuidado en diabetes, han comenzado a autofinanciarse los sensores.

Entre nosotros: esto no debería ser así de ninguna de las maneras, pero en el momento actual es lo que tenemos.

Ponerse un sensor marca un antes y un después en el abordaje de la diabetes. Y es que quien diga lo contrario, no dice la verdad: todas las personas necesitamos ver para creer. De nada sirve que yo os diga que si coméis esto o hacéis aquello os subirá la glucosa.

Siempre, en todo en la vida, una imagen vale más que mil palabras. Y el sensor nunca miente y las gráficas nos enseñan cómo sube o baja la glucemia según hagamos esto o aquello.

Como dijo Santo Tomás: “ver para creer”.

Y añado yo: no hay mejor motivación que la de ver que cierta acción comporta tal reacción. Sólo en estos casos, reflexionamos y podemos modificar nuestros hábitos y conductas.

En consulta tengo pacientes que ya han dado el paso y han comenzado a utilizar un sensor. Y no sólo personas con diabetes tipo 2: mujeres diagnosticadas de diabetes gestacional, personas diagnosticadas de prediabetes o que tienen sobrepeso, están viendo que controlar las glucemias con un sensor nos permite controlar mejor nuestra salud y poner freno a futuras complicaciones.

Y ¡sí!, la experiencia es muy satisfactoria y gratificante. No sólo en cuanto a control glucémico se refiere sino en la percepción de calidad de vida que se ve ampliamente mejorada.

Medir glucemias capilares seguirá siendo preciso en algunos casos y sin duda, de manera complementaria también puede ser preciso a pesar del sensor en algunas circunstancias muy puntuales. Pero el mundo actual está abriendo paso a todo avance tecnológico que permita mejorar la calidad de vida de las personas. Y esto es debe ser un aquí y ahora en diabetes. No es sólo vivir más, el objetivo es además vivir mejor.

Pero, mientras no haya más opción, seguiremos funcionando así en el caso de todas aquellas personas que por un motivo u otro no dispongan de sensor.

No obstante, vaya por delante mi reivindicación más enérgica a este respecto y mi apoyo incondicional a todas las personas con diabetes tipo 2 que aún siguen sintiéndose solas y poco acompañadas.

Es imprescindible no dar la espalda a este colectivo y visibilizar su derecho a una convivencia de calidad con la diabetes tipo 2.  Debemos empoderar al paciente y fomentar su autocuidado. Y para esto es primordial vehiculizar herramientas y recursos que hagan viable todo esto.

Es posible vivir con diabetes y no condicionado por ella.

Debemos tenerlo muy en cuenta. La diabetes tipo 2 también mata.

Así que, toca seguir dando pasos para avanzar en el abordaje de la diabetes tipo 2.

No dudéis en consultarme todas vuestras dudas. Estoy a vuestra total disposición. Más información en mi web: www.doctoraaranbarri.com

2 Comentarios
  • Goizalde
    Publicado a las 19:05h, 20 octubre Responder

    En primer lugar muchísimas gracias por dar voz a lo que tantos pacientes con diabetes tipo2 pensamos. Llevo 10años con diabetes t2 y medicándome con pastillas. He tenido la suerte de poder financiarme yo misma una maquina y las correspondientes tiras, pero la seguridad social lejos de ayudarnos con estas herramientas se aprovechan. Mi doctora y enfermera me piden los controles de las glucemias a sabiendas de que yo misma me las voy a costear. No dejaré de hacerlo porque ante todo esta mi salud, pero parece que los diabéticos como yo que no necesitamos (aún) de insulina no somos enfermos, no padecemos diabetes y no necesitamos más que una analítica cada 6meses. Los avances deberían ser para todos. No pido un sensor pero si unas tiras con las que poder saber si una comida u otra me eleva más la glucosa o si en determinado momento puede ser peligroso hacer ejercicio. Reconozco que yo soy una privilegiada al poder pagarme la herramienta para un control propio, pero hay muchísimos diabéticos que navegan a la deriva y hasta que la enfermedad no empeora no se le dan esas herramientas. ¿por qué no aplicamos el dicho «prevenir antes de curar»?. Una vez más gracias por tus palabras y espero que entre todos esta petición llegue a los oídos adecuados para ponerle remedio.

    • Igotz Aranbarri
      Publicado a las 19:14h, 20 octubre Responder

      Hola Goizalde!
      Muchas gracias por leer el post.
      Y gracias también por compartir tu experiencia.
      Personalmente opino, que tanto el glucómetro como las tiras y el resto de insumos que sean precisos se deberían administrar a las personas con DT2, según precisen.
      No se puede pedir a una persona que «se cuide» sin darle herramientas para poder monitorizar las glucemias.
      En Euskadi me consta que, en general, se suministra material a las personas que como tú aunque no estén insulinizadas, sigan un tratamiento farmacológico oral.
      Debería ser así. Otra cosa es cómo funcionamos cada profesional de manera personal. Esa es otra historia, sin duda.

      Un abrazo,

      Igotz Aranbarri

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