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¿Te cuidas o te descuidas? Tú decides

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¿Te cuidas o te descuidas? Tú decides

Cuidarse o descuidase en diabetes tipo 2: la cara y la cruz de la misma moneda

Hace unos días, una persona que convive con su pareja que tiene diabetes mellitus tipo 2, me preguntaba: “¿es posible que una persona tenga diabetes tipo 2 y no se cuide en absoluto?”.

Imagina la situación: esposa de paciente que sufre por lo que hace y por lo que no hace su marido, y él, totalmente ajeno a su diagnóstico y posible evolución y pronóstico. Veo que muchos lectores movéis la cabeza en sentido vertical, muy conscientes de que esto sucede cerca vuestro. Así es, hay personas con diabetes tipo 2 que deciden no cuidarse o dicho de manera más apropiada, deciden descuidarse. Rechazan pensar en los peligros de semejante decisión

Otras personas, sin embargo, agarran el toro por los cuernos, y deciden convivir con esta enfermedad y no limitados por ella. Son dos modos de vida. Lícitos ambos. Y respetables siempre y en todo lugar.

¿Quién comete el error de que el paciente decida una u otra cosa?

cuidarse descuidarse diabetesMe atrevería a decir, que nadie de manera individual. Creo más acertado afirmar que todos un poco. El error muy posiblemente es colectivo. Digo todos porque ahí tenemos mucha responsabilidad los profesionales sanitarios. Y digo más, entre todos los profesionales sanitarios, los facultativos que hacemos diagnóstico de la enfermedad, tenemos MUCHA MUCHA responsabilidad.

Hay que saber explicar de manera apropiada, transmitir y finalmente comunicar con empatía y rigurosidad lo que es la diabetes tipo 2. Si comenzamos con la mítica frase: “tienes un poco de azúcar en la sangre” o el frecuente “tienes el azúcar alto”, apaga y vámonos.

No pretendo hacer crítica, sino autorreflexión: a las cosas hay que denominarlas como corresponde, y diabetes tiene 8 letras, 3 sílabas y es una enfermedad que mata. Esto debe saberlo el paciente y su pareja/familia/cuidador/ser querido…

Y esto es imperativo: no será la primera vez que un paciente me dice “a mi nadie me explicó que esto podía pasar…”.

Y el paciente con su disgusto y yo con el mío, a reconducir la situación. No vale sólo con hablar, comunicar es imprescindible.

 

Hecho esto, y asumiendo la continuidad que precisa la diabetes tipo 2 que comienza un día pero que evoluciona y continúa hasta el día del juicio final, no debemos olvidar que nunca es tarde para “repescar” a algún paciente rezagado que ante una situación vital inesperada, quiere embarcarse en el barco de “cuidarse”. Y cuando hablamos de “cuidarse” hay que comprender que cada persona, con su propia diabetes diferente de la del resto, entiende por “cuidarse” algo muy personal. Ante todo, hay que preguntar y hay que escuchar al paciente: saber qué sabe, saber qué quiere, saber cómo quiere manejarse…y estar a su lado para acompañarle y prestarle atención personalizada.

cuidarte El paciente acudió a consulta. Me puse los auriculares de “escuchar con detalle” y hablamos largo y tendido. Sobre todo, habló él, que es el protagonista de su diabetes. Me dijo que no entendía que tuviera una enfermedad porque “no le dolía nada” y que no entendía “por qué tenía que cuidarse”. Me contó que recientemente a su padre le habían amputado una extremidad, pero “que tenía 70 años y había vivido la vida hasta entonces”.

Tras una larga consulta de escucha, comprendí que nuestro paciente estaba en fase de duelo y precisaba interiorizar este trágico hecho y aprender a vivir con ello.  Hay que dar la oportunidad de reposar el diagnóstico de diabetes a las personas. Pero hay que ser persistente, y estar ahí cerca, para tender la mano cuando nos la pidan. Somos profesionales de la salud, pero nos debemos a cada persona. Recondujimos la situación. Para ello, pedí a la esposa del paciente que se mantuviera cerca, pero sin ser incisiva ni estricta: tuve la suerte de que ella también hizo “equipo” con nosotros. Con él, consensuamos de mutuo acuerdo, algunos cuidados básicos que comenzó a realizar cuando llegó su momento.

Hace unos días, nos vimos en una videoconsulta y Miguel (puedo decir su nombre, porque me ha dado permiso) me dijo: “menos mal que me dijiste todo lo que podía pasar, Igotz, porque quisiera evitar que me sucediera lo mismo que a mi padre”. Sonrisa de oreja a oreja de los tres. Seguimos en el barco de “cuidarse”, adaptándonos a lo que Miguel precisa y él mismo marca: alimentación, ejercicio físico, fármacos, atención emocional y buen rollo recíproco.

Escucha, respeto y empatía son factores que intentamos tener presentes en la consulta. Sólo así, conseguimos que cada persona con su diabetes, supere día a día el reto de convivir con esta enfermedad invisible.

Y tú que decides: ¿cuidarte o descuidarte?

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