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Vamos a poner toda la carne en el asador

Carne si no

Vamos a poner toda la carne en el asador

¿Carne si o carne no?

Aprovechando que la mecha está encendida, creo que procede hablar de carne, ahora que está en boca de todos. Veremos en estas líneas si nos quemamos o no con la mecha. Recientemente hemos escuchado que hay que dejar de consumir y comer carne porque es “mala” para la salud. Hablamos de carne roja, de la del filete con patatas o la del chuletón a la brasa que tanto nos gusta, principalmente.

Salvo en el caso de las personas que por convencimiento propio o por motivos de salud no tomen carne, ésta forma parte de muchas pautas de alimentación en mayor o menor medida. Y no nos vamos a llevar a engaño: son muchas las personas a quienes les gusta la carne roja y disfrutan consumiéndola.

Si revisamos recomendaciones basadas en la evidencia y nos fijamos en el caso concreto de la “Dieta Mediterránea”, se aconseja un consumo moderado de carne roja, lo cual se traduce en menos de dos raciones de carne roja a la semana y menos de una ración de carnes procesadas a la semana. Así mismo, en el decálogo de esta dieta se detalla que “la carne roja se tendría que consumir con moderación y si puede ser como parte de guisos y otras recetas. Y las carnes procesadas en cantidades pequeñas y como ingredientes de bocadillos y platos”.

Personalmente, no como carne roja más que de manera muy puntual: tengo la buena o mala suerte de que no me atrae tanto como el pescado, unas buenas verduras asadas o la tortilla de patata elaborada con los huevos de las gallinas de mi suegra. Pero como consumidora habitual y madre que va a la compra y pasa por la carnicería, reconozco que hace ya mucho tiempo empecé a fijarme en la procedencia de la carne además del aspecto y origen. Cosas que tiene el preocuparse por la alimentación cuando no sólo lo haces por ti mismo sino por el resto: tener hijos te desequilibra en algunos aspectos, pero te centra en otros, y este es un claro ejemplo.

Y efectivamente, descubrí algo que está al alcance de todos: no todas las carnes son iguales, al igual que no todos los huevos son iguales, ni lo somos las personas. Habrá carne roja de ganado criada de mala manera y con métodos más que reprobables. Pero también hay carne roja de ganado criada con mimo y cariño, que procede de ganado con nombre propio y que pasta tranquilamente en los prados verdes de granjas de ganaderos que cuidan del animal y lo hacen crecer con los recursos y métodos más naturales y saludables.

No me digáis que no reconocéis esta carne por su sabor, por su aspecto y porque al cocinarlo no pierde el 50% de su peso bruto en líquido que queda en la sartén o en la bandeja. Flaco favor han hecho siempre los blancos y negros en la vida, y ni qué decir en salud: con lo bonito que es el gris y su amplia gama de colores. Como todo en la vida, hay que buscar y encontrar un equilibrio. Y cuando hablamos de alimentación, la moderación es imprescindible para que concilie con el bienestar y la salud.

Quien consuma carne y quiera seguir haciéndolo, debería hacerlo

No hay impedimento para ello: la de veces que nos han dicho que el alcohol es “malo” y seguimos tomando vino, y a poder ser de calidad, porque todos sabemos que es mejor y preferimos lo bueno. Ocurre lo mismo con la carne: no haré apología del consumo de carne desmesurado y sin cabeza, pero sí os animo a comprar carne de calidad, que tenga su etiquetado y que sepáis que procede de una crianza personalizada, esmerada y sin aditivos. Carne de la vaca “Asuntzi” o de “Paquita” que ha criado con cariño y con esfuerzo cualquier granjero o casero de nuestras latitudes. Sé que estáis poniendo cara y voz a estas personas, ¿verdad?

Esa carne, seguro que nos aportará de lo bueno lo mejor, más si cabe, si la acompañamos de una buena ensalada y la tomamos después de un buen paseo en la agradable compañía de nuestra familia.

Nunca olvidemos las “3C”: alimentos de Calidad, en Cantidad moderada y con Conocimiento sobre lo que estamos consumiendo. Nuestra salud nos lo agradecerá

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